Friday, July 04, 2008

Otro día en el mundo

Son Vetusta Morla. Algunos ya los conocéis e incluso idolatráis, recién unidos como están al Olimpo de la música pop-rock. Otros probablemente no hayáis oído hablar de ellos todavía. Bien, en cualquier caso debéis saber que con sólo un LP se han colocado en lo más alto del panorama "independiente" musical español. Uno de sus componentes aprovechó su vinculación laboral a Radio 3 para dar a conocer los temas de su banda, y poco a poco fueron ganándose a un público deseoso de escuchar todo un disco con su música. El resultado fue Un día en el mundo, sin duda un magnífico trabajo que desde El Corral os aconsejamos fervientemente.

Y para muestra, un botón. Con motivo de la presentación en sociedad de su disco el pasado 11 de abril en la Fnac de Preciados de Madrid, los chicos de Vetusta Morla grabaron un fenomenal videoclip de su tema "Otro día en el mundo" que... Bueno, casi es mejor que lo veais por vosotros mismos. Sólo os diré que resulta sencillamente sorprendente y muy original. Y eso como poco. Los que conozcáis bien el centro de la capital no podréis evitar esbozar una sonrisa al descubrir el desenlace de la pieza, que no deja indiferente. Me comentan que los Beasty Boys, allá por los lejanos y rockerísimos 80, ya hicieron algo parecido en unos MTV Awards, pero el no ser los primeros no le resta ni un ápice de originalidad al vídeo en cuestión. Amén de lo familiar y divertidamente atrevido que resulta su personal apuesta castiza.


A mi me han ganado con estos escasos cinco minutos. Y encima el disco suena bien, muy bien.... ¡Qué más se puede pedir! Por cierto, estad atentos a vuestras pantallas paletiles. Quizás tengáis una sorpresa "vetusta-morlenca" muy pronto... jejeje.



Tuesday, July 01, 2008

La noche del oráculo


Cuando terminé El libro de las ilusiones, a la sazón la obra más reconfortante de cuantas escritas por Paul Auster había leído, decidí hacer una pausa en mi particular maratón por su literatura. No es, ni mucho menos, que ésta hubiese ido perdiendo enteros conforme avanzaba mi conocimiento de la misma, ni que el cansancio hubiera hecho acto de presencia en mi ánimo, hasta ese momento enteramente dispuesto a ahondar tanto como fuera posible en las letras del hombre de New Jersey. No. Sencillamente quise darme una tregua, un respiro reparador que me impulsase, llegado el momento, a una nueva voluntad devoradora de su obra. Y dicho momento llegó, hace escasos días, con La noche del oráculo, la penúltima parada en la colección de títulos monoautoría que desde hace meses -años, si contamos la primera lectura de El Palacio de la luna- disfruto.

Un hombre burla a la muerte para enfrentarse a la vida. Como excusa argumental, seamos honestos, no resulta un dechado de originalidad. Pero las ramificaciones tejidas desde ese núcleo son las que conforman la verdadera razón de ser de La noche del oráculo. Porque para Auster, y a estas alturas imagino que los que hayas seguido mis comentarios sobre su obra u os hayáis atrevido a sumergiros en ella ya lo sabréis, de la sencillez aparente crece una tupida malla argumental que a la postre da forma a historias profundas y maravillosamente narradas. En ocasiones dicha profundidad trasciende al propio texto para dejar que sea el lector quien junte las piezas mediante las que se entretejen reflexiones, giros inesperados y puntos de vista extremos sobre las más vacuas realidades cotidianas. Así, de lo sencillo surgen tramas intensas, a veces desconcertantes, que sin embargo nunca abandonan la senda de la lógica y la sensatez para caer en el terreno de la fantasía. Precisamente por eso, porque no necesita tocar lo imposible para dar empaque a sus novelas, Auster resulta un autor tan creíble como los personajes que crea, si bien siempre reserva una porción de sus artimañas novelísticas a la casualidad y al azar, a menudo íntimos compañeros de los protagonistas de sus historias.

Confluyen de nuevo en esta ficción que es La noche del oráculo los elementos característicos de la práctica totalidad de la obra austeriana, como era de esperar. Nueva York, siempre protagonista de fondo, silencioso personaje que lo observa todo, es el marco ideal para que un escritor -otra vez figura central del reparto actoral del libro- se enfrente a sus miedos como profesional y como persona, toda vez superada una difícil enfermedad. Una carrera literaria que amenaza la espada de Damocles de la economía, un feliz matrimonio que se tambalea de pronto sin razón aparente, un exitoso autor que busca la felicidad emocional fuera de su desastrosa familia... La suma de cada elemento es tan valiosa como cada uno de los mismos. Delicioso resulta igualmente el uso del metatexto que en la La noche del oráculo Auster lleva a cabo, con una historia dentro de otra historia -y aunque esbozada, también una tercera en cierto pasaje-, tan interesantes todas como la que traza la espina dorsal del libro. Para nuestra desgracia, las muñecas rusas de menor tamaño no se presentan de forma completa, y nos vemos obligados a desear una conclusión que nunca llega para unas historias que bien podrían haber sido otra novela en sí mismas.

Finalmente están las implicaciones emocionales, pilar fundamental de todas sus novelas, que en ésta se tornan decisivas para el devenir del argumento. Que las relaciones humanas son complejas no es nada nuevo, pero cuando se nos sitúa en la posición del espectador, del curioso transeúnte que se detiene frente al escaparate de la vida de otros, dicha complejidad se torna interés -más aún si los observados se enfrentan al puñal del implacable destino y sucumben a su embite, cosa por otra parte inevitable en última instancia. Los personajes de Auster se muestran desnudos, libres de máscaras que oculten su interior, y permiten así al lector entender la complejidad de sus pensamientos y emociones, al tiempo que le llevan a identificarse con ellos, por muy ajena que su realidad pueda resultarle. En La noche del oráculo los sentimientos son el motor del universo que se nos muestra, y en ellos se asienta cada escena para justificarse y justificar su conexión con la siguiente. Desde el amor a la tristeza, pasando por el odio, la desidia, el pesimismo, la frustración, el miedo, el deseo, la hipocresía o la esperanza, todo tiene cabida en su trama. Pero teniendo en cuenta que ésta no es sino un reflejo de la realidad misma, acaso dicho apunte resulte poco menos que innecesario.

Y finalmente, una reflexión mágico-lingüística, ¿pueden las palabras ya no sólo anticipar los acontecimientos sino provocarlos? ¿Cuál es la fuerza del mensaje escrito? Si consideramos que el espacio tiempo es un continuo, y podemos escribir sobre lo pasado desde el presente reflejándolo de forma fiel, ¿no podemos acaso hacer lo mismo sobre lo que está por venir estableciendo así un vínculo cuasi profético entre el hecho y su reflejo escrito? Sí, como algunos ya habréis acertado a observar, el rol del escritor pasaría así a solaparse con el del profeta, el del vidente... o el del oráculo. Con ese pensamiento se cierra el círculo, y se justifica el título de una obra magnífica que vuelve a ponernos en la brecha del disfrute de Paul Auster. Y no uso el plural de forma mayestática: si aún no habéis dado el paso, estáis tardando. Cuando os decidáis a hacerlo, su obra os habrá atrapado irremisiblemente.

Wednesday, June 18, 2008

The Master of Puppets


El domingo pasado, 15 de junio del presente 2008, nos dejó para siempre una de las mayores figuras del séptimo arte. Stan Winston, padre de mitos como Alien, Terminator o los entrañables lagartos de Jurassic Park, llevaba luchando siete años contra un cáncer que al final acabó por ganarle la batalla. Su obra, sin embargo, permanecerá entre nosotros para siempre.

Los grandes de la ciencia ficción, desde Spielberg hasta Lucas, pasando por Cameron o Burton, confiaron al genio de Winston la recreación artesana de sus creaciones más fantásticas, a las que Stan dedicó su vida sirviéndose de todas las técnicas al alcance de su mano -animatrónica, látex, maquillajes de diverso pelado... De sus manos salieron los iconos que nos acompañaron durante años, esas criaturas imposibles a las que a base de imaginación y maestría consiguió insuflar vida hasta hacerlas tan reales como los actores con los que compartieron pantalla. Casi me atrevería a decir que en ocasiones, y estaréis deacuerdo conmigo, las marionetas plásticas y mecánicas de Winston eclipsaron el papel de sus compañeros humanos de reparto, o les dieron el espaldarazo necesario con su empaque y su presencia para que su paso por el título de turno no quedase para siempre en la triste sombra de la indiferencia.

Su prolífica obra se vio continuada hasta poco antes de su muerte, y su impronta aún puede verse en títulos de reciente estreno como la última entrega de Indiana Jones o Ironman, lo que habla mucho de su valía ya no sólo como genial artista sino como profesional incuestionable. El laberinto del fauno, Depredador, Eduardo Manostijeras... su curriculum es simplemente inigualable, y su nombre figura en los créditos de casi cualquier obra de culto dentro del género de la fantasía desde los años setenta, en que comenzó su carrera como técnico en efectos especiales y caracterización en la meca del cine.

Desde el pasado domingo la fantasía cinematográfica, y por ende esa puerta a lo imposible que tanto nos gusta abrir a los que hacemos de la imaginación nuestro pasaporte a la felicidad, llora la pérdida de una de sus más insignes figuras. Su nombre pocas veces vendió como lo hicieron los de aquellos que reclamaron sus servicios, pero sin su ayuda sus obras no habrían trascendido como acabaron haciéndolo. Los que aprendimos a imaginar lo inimaginable gracias a su legado visual sólo podemos desear que, donde quiera que el bueno de Stan se encuentre ahora, su privilegiada forma de ver esa otra realidad haya creado el mundo imposible que un genio como él sin duda elegiría para pasar el resto de la eternidad.

D.E.P.

Wednesday, June 11, 2008

El día en que conocí a Kojima

Hideo Kojima, genio. Foto by Wildwood.

Llegó el gran día. Hoy, 12 de junio de 2008 se cierra uno de los episodios lúdicos de más trascendencia en la historia del sector del ocio electrónico. Metal Gear Solid 4 Guns of the Patriots aterriza al fin para echar el telón a la saga de la serpiente sólida, una epopeya sin igual que comenzó hace más de 20 años y que con esta cuarta entrega llega a su cénit en un episodio de derroche técnico y argumental sin precedentes.
Y tras de todo ello, un hombre: Hideo Kojima. La mente preclara del creador japonés es la responsable del éxito del mito, y en torno a su persona se ha creado una leyenda a la altura de grandes artistas del celuloide a los que el bueno de Hideo se permite el lujo de mirar a los ojos sin tan siquiera pestañear. Su nombre se asociará eternamente a la frase "obra maestra", y los que desde el primer Metal Gear Solid hemos seguido sus pasos no podremos más que agradecerle eternamente el regalo que, dividido en cutaro maravillosas entregas -excluyendo las dos primigenias en MSX-, ha legado al mun
do del videojuego para mayor gloria de éste.
Hace apenas diez meses este humilde servidor no podía imaginar que un día su camino y el de semejante mito se cruzarían. Hablar de Kojima era como hablar de Spielberg, pura abstracción inalcanzable. Pero hete aquí que Meristation apareció en escena. La revista online de videojuegos en castellano líder mundial supuso no sólo una oportunidad maravillosa de fusionar mis dos grandes pasiones -voz y videojuegos- vía locuciones para MeristationTV, sino una vía de acceso a la trastienda del mundo de la prensa especializada inmejorable, gracias a la cual entrar a formar parte de un selecto club que vive el videojuego de otra manera: haciendo del mismo su forma de vida.

Pues bien, el pasado 4 de junio, Konami España organizó una multitudinaria reunión de medios para presentar en sociedad la última entrega de la saga del tactical espionage action, a la que asistirían ni más ni menos que Kojima y su equipo en gira europea. Ellos serían los encargados de descubrir de primera mano a la prensa las principales cualidades de su criatura, y en ese cara a cara con el maestro no podía faltar Meristation. Y en su nombre, junto al "Big Boss" Nacho Ortiz y Javier de Pascual, un servidor. La cita se había concertado a las 16:00 en el Santiago Bernabéu, desde donde se nos trasladó al lugar del encuentro, un aeródromo al norte de la capital plagado para la ocasión de soldados, tanquetas y ametralladoras que hacían del paraje un lugar marcial idóneo para el evento que habría de tener lugar allí.
Tras unas primeras tomas para MeriTV y unas fotos para la web, se produjo el primer momento para el recuerdo: llegaba Kojima seguido de su séquito. La cosa iba en serio, y él estaba al fin allí, entre nosotros. Nos colocamos en nuestras sillas y esperamos su comparecencia pública. Tras de algunas imágenes del juego y la presentación en primicia del spot que acompañaría en televisión el lanzamiento del título -locutado por Ramón Langa-, se produjo su aparición. Kojima, Shinkawa y el resto del equipo hablaron de MGS4 y respondieron a las preguntas que el respetable tuvo oportunidad de hacerles en esos minutos de exposición pública. Aplausos, algunas indicaciones por parte de los responsables de Konami para las posteriores entrevistas de grupo...y llegó el gran momento.

El concurrido angar donde se llevó a cabo la presentación. Foto by Wildwood.

Un nutrido grupo de los allí presentes formamos cola pa
ra saludar en persona al genio nipón y llevarnos el recuerdo de su firma y la del resto del equipo. Éste que os habla acudió al evento con la carátula del MGS de PlayStation, que desde ya ocupará un lugar privilegiado dentro de mi colección. Cuando al fin llegó mi turno agradecí al maestro todos los buenos ratos que su obra nos ha hecho pasar, y aproveché para bromear aludiendo a la caja del MGS original de MSX que uno de los presentes había tenido la fortuna de llevar para que le firmase. Él sonrió, en cómplice guiño cómico, y me estrechó la mano en un momento que quedará para siempre en mi memoria.
Luego, ya más relajados, nos entregamos a las labores periodísticas que nos habían llevado hasta allí. Entrevistamos -servidor en labores gráficas y fílmicas- a Shinkawa y a Kojima en sendas conversaciones íntimas, distendidas, y muy cercanas. Mientras departíamos, la tarde cayendo en la campiña madrileña, las avionetas rugiendo en vuelos rasantes sobre el aeródromo, me resultaba increíble y a la vez muy real estar oyendo a un semi dios del píxel y la textura a escasos pasos de mi persona, hablar de una de las mayores obras de arte de este recién nacido siglo XXI, cual si de un colega de toda la vida se tratase. Kojima se mostró cercano y hasta resuelto a participar de bromas y guiños humorísticos, pero a la vez extremadamente tímido, como buen japonés y buen artista de culto. Aún así, su presencia destilaba grandiosidad, y eso no se explica con palabras.
El regreso a casa, cuatro horas después de la partida desde la fábrica de sueños blanca, fue como aquellos viajes de vuelta en las excursiones del lejanísimo colegio: un instante plácido irrepetible, un pestañear de júbilo por lo vivido, una hetérea consciencia de que algo así costará que se repita. Hablando con los geniales De Lúcar y Némesis -mitos vivientes de la prensa del sector- de tiempos pasado y seguramente mejores, los últimos minutos del día en que conocí a Kojima fueron sencillamente perfectos. El día en que conocí a Kojima... Suena increíble. Pero suena maravillosamente bien, maldita sea.

Entrevista a Shinkawa, diseñador de personajes. Ahí estoy, cámara en mano.

Tuesday, June 03, 2008

Star Molls, Episodio IV: Una nueva tajada


Nos encontrábamos en un periodo de guerra hormonal. Las pavas especiales, rebeldes, atacadas por alguna fobia oculta, impedían nuestra primera victoria contra el malvado Imperio Galáctico.

Durante la batalla, los soldados de la alianza decidimos apoderarnos de una porción mortal y definitiva de la noche para atacar las armas del Imperio: KGB, una estación alcohólica acorazada con potencial suficiente para destruir los hígados de un planeta entero.

Rodeado por los siniestros agentes de la noche, El Maestro se elevaba sobre su patria de acólitos a lomos de la tarima llevando consigo el Cáliz de Néctar que podría salvar a su pueblo y devolver la paz a la galaxia -o hacer devolver, sencillamente...

Felicidades tío. Los años-luz nos separan en el plano físico, pero la Fuerza nos mantiene unidos pese al paso del tiempo. Los viejos Jedis, otrora padawans del mítico Maestro, no debemos renunciar a nuestro pasado. Él nos iluminó en la noche de los tiempo, y tras darnos a probar su Cáliz, pronunció las proféticas palabras que han marcado el devenir de nuestra galaxia: "Estudia cabrón, que tú vales...". Joder, qué razón tenía. Nos vemos pronto, xiquet.