Sunday, May 22, 2011

Grises filtraciones

Un par de vídeos están causando furor en los foros de investigación ufológica de medio mundo, y Cuarto Saturnino os los acerca para que vosotros, oh amigos de lo paranormal en sus múltiples facetas (porque qué si no es, admitámoslo, esto que nos une y que hemos dado en llamar "frikismo"), los disfrutéis también, estudiándolos si tal fuera el caso, para juzgar la posible veracidad de los mismos.

En ellos se observa lo que parece ser la filmación en película fotográfica en blanco y negro de la escena inmediatamente posterior al derribo de un OVNI por las fuerzas aéreas norteamericanas, así como de uno de los supervivientes del siniestro, o al menos un ser idéntico a los que, ya muertos, yacen en el suelo junto a la nave siniestrada. El ser responde al arquetipo tradicional de alienígena, tantas veces descrito por especialistas y contactados, y la cámara recoge su comportamiento a escasos centímetros del objetivo, aparentemente ajeno a la filmación, y permite observar con detalle su fisonomía y hasta su vestimenta.

Dada la supuesta antigüedad de las cintas (datadas en algún momento entre 1942 y 1969) y la calidad de las mismas, lo mostrado bien podría ser un simple fraude más a sumar a los muchos ya existentes en torno a lo acaecido en Nuevo México durante la década de los 40, fuera lo que fuera; pero lo cierto es que si se observa con detenimiento, las imágenes tienen ese toque natural, biológico si se quiere, que a menudo los gráficos generados por ordenador exageran hasta mostrarse claramente artificial (esa excesiva fluidez que bichos como el inefable Jar Jar Binks rebosan, por ejemplo). Parpadeos, movimientos de cabeza... el detalle, pese a lo breve del clip (la grabación completa aseguran está en torno a los 30 minutos), no tiene desperdicio. En fin, mejor que juzguéis por vosotros mismos.

Grises seres en tonos grises, filmados en tiempos de grises acontecimientos... ¿o pura infografía?



Friday, May 06, 2011

Invisible


Nuestro pasado es sólo nuestro. Las múltiples piezas que lo conforman son un prisma de infinitas caras en cuya creación interviene una incontable cantidad de individuos, todos responsables en cierta medida del resultado, pero ninguno de ellos dueño absoluto del conjunto. En última instancia, como digo, nuestro pasado sólo nos pertenece a nosotros mismos. Y en ese sentido, lo que en realidad es nuestra historia permanece invisible al resto, un secreto silencioso que arrastramos a lo largo de la vida como quien custodia receloso una caja ornamentada cuyo interior únicamente conoce quien la posee: aparentemente debe albergar algo valioso, pero lo que se ve y lo que se oculta no siempre están en sintonía.
Mi última degustación de la obra del incombustible Paul Auster es una novela compacta, una historia de historias tan propia del autor que, tras el lapso de tiempo desde que leyera la última, no ha podido dejarme más satisfecho. Quienes lo hayan leído, quizás también los que sólo hayáis sabido de él mediante estas breves notan que traigo al blog tras cada nuevo libro, sabrán de sobra cuáles son los pilares básicos sobre los que Auster suele construir sus universos (Nueva York, las miserias humanas, lo cotidiano elevado a categoría de sublime, por adictivo, las relaciones imposibles, la figura del escritor, su obra y sus diatribas...), y cabe apuntar desde un primer momento que todo ello está, de una u otra manera, presente en Invisible. Lo grande, sin embargo, del nuevo texto, lo que le confiere el carácter de obra magistral dentro de una obra ya de por sí excelsa y variada, es la experimentación (taimada pero precisa) de la que se ha servido para conformar la novela. A saber: el metatexto, la muñeca rusa que es contenido y continente al tiempo, esa técnica que ya apuntara como vía de desarrollo en anteriores novelas, alcanza aquí su máxima expresión, salpicando el libro de la autoría múltiple más exquisita para dotar de color a una prosa ya de por sí notabilísima. Luego están los cambios de punto de vista narrativo, los usos malabarísticos de la referencia temporal, los silencios, las infinitas frases coordinadas que reflejan un estado de ánimo, las mucho más sintéticas oraciones simples y breves que hacen lo propio con otros, y un largo etcétera de virguerías textuales y narrativas que acaban por conformar un collage vibrante que arrastra, irremisiblemente, a devorar el conjunto de forma insaciable.
Y luego está la historia, claro. Qué decir de la historia... Hablaba al principio del carácter invisible del pasado que a cada uno nos corresponde, de cómo lo que los demás ven del mismo no es sino una representación de éste que creamos para satisfacer su ansia de curiosidad, y en ese sentido lo que acaba por identificarnos de cara al mundo no es sino una deformación inexacta de lo que somos. Inivisible habla de eso, de cómo es posible conocer a las personas (si es que lo es), atendiendo tan sólo a los que la vida nos muestra de ellas, lo que los demás nos confían de ellas, y lo que ellas mismas deciden revelar en ciertos momentos a modo de generosa confesión. El conjunto de todo ello ha de ser, forzosamente, un mosaico incompleto y amorfo en base al cual acabamos por juzgar a los demás, suponiendo, creyendo firmemente en última instancia, que les conocemos, que sabemos cómo son y, por ende, lo que cabe esperar de ellos. Y sin embargo, todo eso que no vemos, esa invisibilidad que jugamos a disfrazar de mentira, secretos, silencios y medias verdades, es lo que, por omisión, nos define y construye nuestra verdadero yo. Pero un yo no puede, por definición, comprenderse sino desde uno mismo... y por eso, lógicamente, nadie alcanzará nunca a conocernos de forma completa.
La invisibilidad del título se extiende a otros momentos de la novela (perder el contacto con una persona es ver cómo su recuerdo pierde consistencia lenta pero inexorablemente, con el paso del tiempo, y un recuerdo puede, a su vez, resonar eternamente en la memoria aunque su origen fuera producto de pura fantasía o ensoñación, algo que nuestros ojos jamás vieron), pero ésa es la razón fundamental que hilvana el todo que es la obra. Lo demás (sexo, política, literatura, geografía, el ocaso de la vida...) si bien es en ocasiones tan protagonista como los personajes mismos, queda en cierta medida obscurecido por la enormidad del mensaje final, confuso pero directo, enorme por revelador, y en última instancia una gran incógnita que nos hace preguntarnos cuánto de lo leído es cierto, no siéndolo nada, por cuanto lo que se nos cuenta se fundamenta en esos textos tan subjetivos paridos por sus protagonistas, que conforman la muñeca rusa de la obra misma.
Acaso todo lo que sabemos de los que nos rodean sea mentira. Una gran mentira que nos hemos empeñado en creer porque sólo así podemos seguir despertando cada día junto a esa persona, tomándonos ése café junto a aquel otro, saludando alborozadamente a éste o a aquél amigo, respetando a nuestros padres, deseando a aquella chica, admirando a aquel artista... La novela habla de todo eso, o lo hace implícitamente, y tras su lectura, uno no puede por menos que pensar que hasta nuestro propio nombre no deja de ser una pantomima intrascendente que en poco nos define: cuántos hay que se llaman exactamente igual que nosotros y, sin embargo, nos son absoluta y totalmente indiferentes... e invisibles.

Tuesday, April 19, 2011

Final Copa del Rey 2011

Con motivo de la celebración de la final de Copa de esta noche, en Meristation hemos parido un vídeo en el que los dos grandes de nuestro fútbol se miden en su versión digital para dirimir quién se alza con el primer título de la temporada...
Comentado por los forofos más forofos del Meripodcast, y narrado por un servidor, el partido (justamente jugado por la consola y sólo la consola, para evitar suspicacias) refleja la emoción que de seguro tendrá su counterpart en la realidad hoy, 20 de abril de 2011...

No digo más, sólo que merece la pena verlo íntegro porque, troleadas del personal a parte, el final es digno de la categoría del choque: ¡de puro infarto!

Friday, April 15, 2011

La Maison en Petits Cubes

Cuando los diccionarios, en vez de fotos, adjunten vídeos para ilustrar sus definiciones, junto a la palabra "entrañable" habrán de aparecer, forzosamente, ejemplos como éste... Ganador del Oscar al mejor corto animado en 2009, sus 12 minutos son una amalgama de exquisitez argumental y gusto artístico como sólo los nipones son capaces de ofrecer.

Más allá del mensaje implícito sobre el cambio climático que sirve de excusa para conformar la diminuta pero grandiosa historia que narra, la pieza es un derroche de carisma visual y momentos emotivos que ya los quisieran para sí muchos largos. Y todo ello sin que sea necesaria una sola palabra: basta la magia de una banda sonora de esas que suelen acompañar a las obras maestras del maestro Miyazaki, sin que éste sea producto de su arte, por cierto.

Si os gustó Up, os encantará (admitámoslo, alguna conexión tienen). Y si no os gustó (malditos insensibles), La Maison en Petits Cubes lo hará seguro... Merci brother!

Sunday, April 10, 2011

El Mario Kart humano

Youtube ha servido de espoleta para la aparición de una ingente cantidad de freaks dispuestos a hacer lo que sea por conseguir que los videos de sus absurdas proezas figuren entre los más vistos de esta nueva moderna televisión a la carta. El número de hedonistas tarados que se exhiben en el escaparate de la web es tan infinito como sus delirantes ingenios, a menudo del todo repugnantes, patéticos y vengonzosos...

Pero de cuando en cuando la locura cristaliza en chispeante
originalidad, y alguno de los muchos clips que rezuma el "tutubo" merecen un lugar destacado entre la mucha y maloliente basura sin sentido de "irismiasturianitas" y "palomitatequieromazos" que configuran mayoritariamente la oferta exhibicionista del personal.

Rémi Gaillard es uno de esos personajes que darían su vida (a veces lo parece literalmente) por un nuevo minuto de gloria. El amigo gabacho, por lo general obsesionado con dejar perplejo al personal por sorpresa y de la forma más absurda posible, es el artifice de este vídeo sin desperdicio, en el que decide simular al héroe de Nintendo y sus carreras, con una recreación tan cojonuda como esperpénticamente hilarante. Disfrutad!